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Apelando a "Casey, el bateador"

Muchas muchas veces he cometido el mismo error: comentar en vez de disfrutar, ver en vez de participar, interpretar en vez de sentir (y no me refiero a esa palabra devaluada por "poemas profundísimos" o "abisales"), en vez de quedarme con las sensaciones. Un ejemplo. Leo un libro, "Billy Budd", escrito por el gran barbudo, y me gusta, pero necesito interpretarlo, darle una forma externa a su forma ya definida. Otro ejemplo: un cuadro cubista (1909-1912) de Braque o Picasso reposa en la pared de un museo y un pseudointelectualoide del tres al cuarto que quiere camelarse a una jai se pone a divagar acerca de la profunda soledad del universo cuando, de una forma ridícula y desafiante, el cuadro se titula: "Café con pipa" y, efectivamente, en él aparecen representados según la sintaxis cubista un café y una pipa. ¿Por qué tengo que ponerme a divagar acerca de un sentido oculto de la magnífica novela "Billy Budd"? ¿Acaso Melville no lo dejó claro en sus páginas? ¿Es que tengo que sacar más conclusiones de ese ejercicio de justicia total? Libre interpretación de una obra: un sujeto A emite un mensaje "X" dirigido a un sujeto o grupo de sujetos "A+B"; pero el mensaje "X" nunca llegará a ninguna parte porque el grupo "A+B" se ha tapado los oídos y, una vez terminada su emisión, "A" pregunta al grupo: ¿qué he dicho?... y "A+B" o los integrantes de "A+B" responden cada uno lo que creen que "A" ha dicho... Sin embargo, ¿qué pasa con el mensaje? 

"Casey, el bateador". Un gran poema sobre un famoso jugador de béisbol de finales del XIX, y que siempre mandaba a la luna cada bola que le lanzaban. Una tarde falla. Ese es el poema. Lo que la gente espera de ese pobre hombre y gran bateador y lo que sucede. Nada más. Sin conjeturar. ¿Para qué? Quiero decir... ¿debo ponerme a pensar que este poema es una metáfora de cómo nosotros nos sentimos presionados cada día por terceras personas o algo por el estilo? ¿Por qué no me contento con leer y disfrutar del mensaje que "A" pensó para personas como yo? 

"¡Oh! En algún lugar de esta fabulosa tierra el sol brillla con fuerza,
una banda toca en algún sitio, y en algún sitio se alegran los corazones, 
y en algún sitio los hombres ríen, y los niños gritan;
pero no hay alegría en Mudville - el poderoso Casey está fuera" 

Ernest Lawrence Thayer, 3 de Junio de 1888. San Francisco Examiner.

13 comentarios:

montse dijo...

Creo que has encontrado una solución muy buscada por algunos. Nada funciona cuando hay una presión en vez de la motivación por la acción en sí.

A. V. dijo...

No sé, tal vez no lo haya explicado bien; una tesis que leí hace poco sobre "Casey, el bateador" le situaba como precursor del papel de los USA en el mundo después de la Guerra Fría: es decir, al igual que todo el mundo quiere que Casey batee la bola fuera -como hace siempre-, ahora, en el mundo actual, existe una tendencia a querer que el Tío Sam solucione gran parte de los problemas de este mundo. No le des importancia a esta tesitura porque es una tesis de una persona particular. Lo que de verdad importa es que, cuando lo leí, pensé: "Pero, ¿por qué interpretar como a mí o a ese o aquella de allí le venga en gana el poema en vez de hacer un esfuerzo por mi parte y comprender el mensaje que el autor me ha mandado?". Ese es el "quid" de este artículo; de eso va, de mi enfado por la interpretación del arte.

Imagina un relato tuyo: imagina que es un relato que quiere transmitir el estrés de un día de trabajo. Lo publicas en bubok o donde sea y, al día siguiente aparece alguien que suelta una letanía infumable sobre el significado de tu relato. Pero tu mensaje sigue intacto, virgen, porque no lo han leído con atención, te han obviado, te han pasado por encima como un camión de mercancías para situarse ellos en la cresta de la ola "opinión".
En fin, estoy cabreado con mi forma de enfocar las lecturas. Nada claro. Tengo que desfibrilarme un poco.

montse dijo...

No sé,Álvaro.
Yo cuando escribo dejo parte del inconsciente ahí, a veces queriendo y otras no, pero una vez puesto el punto final, lo que me interesa es ver cómo lo interpretan los demás. Un relato puede explicar un poco acerca del autor y las críticas u opiniones posteriores pueden explicar un poco acerca de las personas que las proporcionan, aunque de momento sigo más interesada en conocerme yo que en conocer a los demás. Estoy lidiando con mis cambios de estado de ánimo y eso es suficiente de momento. Pensaba que lo que querías decir era que es mejor leer, o cualquier otra cosa por el puro placer de hacerlo. El autor que quiere decir algo se asegura de dejarlo dicho y claro. Y si lo deja entre líneas quizá no quiera que lo interpreten todos.

A. V. dijo...

Te entiendo, Montse. Sin embargo, y después de una traumática licenciatura de Hª del Hambre, créeme si te digo que lo más importante para mi es interesarme por lo que esa persona que crea tiene que decir, no por lo que Tal o Cual con sus interpretaciones gigantísimas del universo tiene que decir.

Porque llegados a este punto, está muy extendida la idea de que la libre interpretación es lo más democrático que existe y no es así: es de lo más fascista que existe, porque la libre interpretación es ignorar totalmente al autor de una obra para pasar, como espectador o lector, a un egoísta primer plano, considerarnos los superhombres de Nietzsche y emitir nuestras interpretaciones sin tener en cuenta que alguien que sufre o que ama o que siente algo quiere, tiene la fuerte e intensa necesidad de transmitir.

El pobre Dérain que pintaba a su mujer de color verde tomando baños quería decirnos lo mal que lo estaba pasando porque su mujer tenía una enfermedad de la piel y necesitaba baños constantes, y aún siento escalofríos pensando en aquel pedantoide que para ligarse a una jai intelectualísima comenzó a elaborar una teoría enormísima sobre los colores verdes de Dérain.

Aunque sea por caridad, demos un poco de nuestro tiempo a escuchar a ese emisor "A" y pasemos de la fascista "libre interpretación" para taparnos los oídos y emitir nuestros profundísimos veredictos. Estoy enfadado porque necesito acompañar, abrazar a mis autores favoritos en vez de emitir mis juicios totalmente prescindibles.

montse dijo...

Pues deberías sentirte feliz por querer entender al autor. ¿Cómo una intención tan admirable puede hacerte enfadar? Yo me alegro y me siento bien cuando leo cualquier texto y algo me da pistas que me aclaran que voy por el camino que recorrió el autor; pero si por lo que sea veo otra cosa diferente tampoco es culpa de nadie. Cada uno tiene sus circunstancias y ellas filtran lo leído.

A. V. dijo...

En este caso no puedo estar de acuerdo, Montse. Creo que no me he explicado bien: no estoy enfadado por leer y comprender al autor; sino porque leo, comprendo al autor, pero paso de su mensaje para comenzar a elucubrar y elaborar teorías. ¿Es ese el objetivo del lenguaje? ¿Acaso el objetivo de la comunicación no es el entendimiento? Entonces, ¿por qué tergiversar, por qué interpretar, por qué esa necesidad de protagonismo del lector, del espectador, cuando el que sufre, el que sentía la fiera necesidad de comunicar era el que escribió, el que pintó, el que esculpió? No, Montse, jamás podré, ni moral ni éticamente, sumarme al fetiche del deconstruccionismo, o sea, la libre interpretación, porque con ella, anulamos, pisoteamos, e ignoramos el pilar del lenguaje: comunicarnos, entendernos.

montse dijo...

El lenguaje puede ser muy engañoso. ¿En qué ayuda al autor en su sufrimiento que tú lo entiendas y no elucubres o teorices? Si no tienes una respuesta a sus preguntas o una solución a su problema, ¿qué quieres dar? ¿qué puedes dar? Y si estás hablando de los clásicos, ¿dónde está el sentido a todo esto? Un ejemplo:

He leído tu artículo sobre la influencia de la pasta en el cine. Y me ha dejado pensando que no tengo siquiera el dinero que necesito para sentirme segura ante la vida, pero por otro lado, me ha hecho pensar en quién y cómo sería yo si estuviera forrada, tal vez soy afortunada por poder encontrarme o intentarlo antes de perderme como se han perdido muchos al llegar a sus vidas una oleada de éxito, dinero, fama y demás. Seguramente no es lo que tú querías que pensase, pero es lo que me llegó.

A. V. dijo...

¿De qué sirve? ¿A quién sirve? Imagínate que alguien te dice "A" y tú no haces ni caso y luego le dices "creo que me has querido decir 'B'", desde luego que sirve, desde luego que es útil, desde luego que a esa persona que emite un mensaje le sirve. Además, nosotros no tenemos que solucionar los problemas de ese autor, sólo escuchar su mensaje; sería tanto como si yo me pusiera a pensar en cómo solucionar los problemas de Basquiat o de Kandinsky o de Malevich. No tengo, no tenemos que solucionar nada, lo único que se nos pide es leer, entender, empatizar y ya está.

Respecto a mi artículo del cine lo que quería decir ya lo he dicho en él, no podría explicarlo con otras palabras; quizá un simple: me horroriza la corrupción del arte por el dinero, pero aún así, perdería muchos matices y, desde luego, no quisiera que con mi artículo, alguien pudiera ver una metáfora de la decadencia de occidente o algo por el estilo; habla de cine, de corrupción por el dinero y de cómo secuestran el arte por millones de dólares.

Montse, la libre interpretación responde a un cambio de plano, a un cambio en el mundo después de la 2ª guerra mundial, y todo está orquestado desde las mismas multinacionales que le han metido a la gente en la cabeza la necesidad de elucubrar, teorizar, especular en un mundo en manos de elucubradores, teóricos y especuladores.

La deriva el arte actual, o sea, lo que puedes ver en ARCO o en muchas galerías de arte, responde precisamente a eso: al deconstruccionismo y a la imperiosa necesidad de múltiples significados; vivimos en la deriva del arte conceptual -que va de profundo y es más superficial que un rondó-.

No sé, Montse, no seré yo quien no le preste mi oído a Melville.

A. V. dijo...

Ese cambio, del que hablo, es el que hace que el autor pasa a ser un término secundario en la ecuación del arte y el espectador pasa a ser protagonista. ¿Quién ha teorizado, quién ha sido el responsable de esto? Está claro, Montse, quien no ha sido artista, quien no ha sido escritor: los críticos de arte -tanto literarios como artísticos-, porque ellos, esencialmente, si son algo, es "espectadores" o "lectores" del arte.

montse dijo...

Empatizar puede ser muy doloroso.

montse dijo...

Con los críticos hemos topado... ¿Tikún? O sea, existen porque debe haber alguna forma políticamente correcta de analizar, elucubrar, teorizar obras ajenas. Sí, lo admito, estoy espesa.

Raúl Campos dijo...

Inconsciente, descifrar el inconsciente: el autor escribe más de lo que escribe, el pintor pinta más de lo que pinta. Hay está el trabajo de un buen lector, de un buen espectador.

Luego ya hablamos de subjetividad, pero en la lectura del autor (lo escrito) hay mucho que rascar.

A. V. dijo...

Vuelvo a formular mi postura: el mensaje no puede ser ignorado, y todo posicionamiento de un lector como protagonista de la interrelación con el autor de una obra de arte es un artificio creado en el siglo XX.

Si alguien tiene que comunicar algo, debemos prestar nuestros oídos o nuestros ojos a ese algo, pasando en colores de nuestro ególatra impulso a dar nuestra interpretación de ese mensaje o a buscar metáforas de "no-sé-qué-gigantísimo" o dobles sentidos. Como dijo mi admirada Gertrude Stein: "Allí no había allí".

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