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Bye, bye, "Orsetta"...

No hay nada como, después de tres horas de avión, una hora y media de espera previa al vuelo, y un post-vuelo de otra hora más, llegar a casa del suegro y cuñados y conocer a tu futura con-cuñada que, surgida de una "nada" y pre-existencial, sin curriculum vitae, se ha tirado la sospechosa friolera de seis horas cocinando, para conquistar a la hermana y el novio de ésta, dos primeros platos y dos segundos y un postre a base de miel, azúcar y todo aquello que suele dejar las arterias más saturadas que el metro de Tokio. 

Obviamos los detalles, obviamos que ella era como un solo de Mingus a la mitad de la sonata número 21 para Elvira Madigan de Mozart, como un león en un parque urbano haciendo pipí entre tanto extraño perruno, como un diseño Dior de látex entre el pelaje más vetusto del vejestorio franquista del barrio de Salamanca... Obviamos que su rollo de niña "pop star" -a pesar de sus, en aquel entonces, 32 tacazos... suficientes para no jugar con ciertas tendencias, suficientes para no experimentar con el pop mierda y comercial de los USA (Whitney "Capital de Texas", Lady Caca, Shak...qué?, Jennifer López alias "la fama a cualquier precio" o Rihanna más fea que una rana) y la electricidad- estaba más pasado que la manivela, obviamos que tenía un cheloveco de 7 añitos por aquel entonces, criado a base de sesiones de  ultraviolencia de Playstation desde tempranas horas de la mañana. Ah, si, olvidé un pequeño detalle; a los veinte minutos de conocer a Ria ya le había ofrecido trabajar, a base de enchufe a 220, en la oficina del ministerio de "no-sé-qué", gracias a la amiga de un amigo del vecino del quinto que resultó ser el fontanero del jardinero del vicepresidente de la República de Hungría... ¡Toma del frasco, Carrasco!

Sin embargo, ¿cómo obviar aquella primera impresión que me causó, aquel lenguaje corporal, aquellas "miradas pendencieras"... o la risita caballuna? Uno tiene un don que sabe explotar a la perfección: soy un perfilista nato: hace un par de meses calculé que, entre el colegio, el instituto, la carrera -con el puente Venecia/Madrid a la orden del día-, y los sucesivos trabajos, había llegado a conocer alrededor de 700 personas en mi vida; mi don tiene que ver con la capacidad de saber exactamente de qué cojea cada persona, cómo piensa y cómo podría reaccionar en tal o cual situación, solamente con un primer acercamiento; puedo decir que he fallado en 3 casos; tres de 700; no está mal. Buen porcentaje. Y ella no sería una excepción.

Mis conclusiones después de aquella comida que casi me hace explotar de encimas digestivas fueron nada alentadoras, claro que, ¿a quién se lo podía decir? A nadie. A Ria, pero con tacto. De tal manera, aquel día fatídico de agosto de 2008 le dije a Ria que me parecía sospechoso que una persona que, meses atrás ni existía, de repente, se hubiera infiltrado hasta tal punto en el tejido familiar, cocinando más que el aprendiz de cocinero de "Cándido" (Segovia, rollo tradicional, S.L.), ofreciendo trabajo a los veinte minutos... algo se me escapaba. Ria se fió, pero declinó la oferta de trabajo después de hablar conmigo. Gábor -hermano nº2, soltero, 1,80 m, atlético, as de las finanzas- también se fió. Lajcsi -hermano nº1, novio de Örszi, 1,90 m, delgado, sentimental- estaba como el perro con el trozo de carne envenenada, feliz, ilusionado, crédulo... El único que cruzó su mirada conmigo con cierta desconfianza era papá Lajos, que veía ciertas interferencias, allá, dentro del túnel. 

Días después llegó otro intento de camelarse a la hermana de la caridad (Ria) -que ya estaba en el bote, por otra parte- y al cuñado desconfiado (o sea, yo). No sé por qué, pero creo que, en aquella época ella se dio cuenta de que yo era un animal distinto, no era una ovejita cándida, y de distinto pelaje, quizá un poco lobuno y un vigilante continuo; pero eso no me desagradaba; de hecho, me gustaba que ella supiera que la línea estaba delante de Ria y que ahí estaba el límite. El intento, decía, no fue otro que el de ofrecernos un fin de semana con Lajcsi y ella en el Balaton. Debo decir que no me seducía demasiado la idea, pero bueno, Ria era Ria y yo tengo debilidad por mi cuñado Lajcsi así que me preparé para un par de días de sol insufrible en alguna población costera del gran lago. Ella nos dijo que íbamos a un "hotelito" que estaba incluido en una serie de cheques que circulaban entre los funcionarios del ministerio de hacienda húngaro a velocidades de vértigo.

Allá nos presentamos. El lugar era de lo más estereotipado, lleno de alemanes bebiendo cerveza y comiendo würstel a manos llenas, comida malísima y a precio de caviar, y todo lleno hasta las trancas de langostas y monstruos acrídicos de 10 centímetros por las noches. Paso de decir qué tal estaba el hotel; sólo os diré que compartí piscina climatizada con un mafioso ucraniano del tres al cuarto que me pidió un cigarrillo después de  mandar a sus dos prostitutillas de turno a por una copa de vino al bar del hotel. Típico viaje en barco dando una vuelta de 360º de no más de tres cuartos de hora por un escenario ya muy visto por este servidor y sorpresa mayúscula cuando, a la hora de abonar los cheques al hotel, Örszi -la novia,  the beast, el terror de Örs Vezér - se dio la vuelta y nos dijo: "bueno, aquí sólo aceptan un cheque, tendréis que pagar vuestra habitación..." JO JO JO!!!!!!! ¡Y a qué precio! Sólo os diré que a la recepcionista del hotel le dije el típico "Aquí no vuelvo con mi mujer".

Luego llegó la boda, en diciembre de ese mismo año y, después de la friolera de 8 mesecillos de noviazgo. Boda sobria, discreta. Banquete, ... en fin, banquete y fiesta. Yo reconozco que aquella fiesta me permitió una satisfacción personal. Resulta que un amigo de Lajcsi, enamorado de Ria desde hacía años, intentó camelarse a mi jai aquella noche, con el viejo truco de "voy a emborrachar a este pringao español que seguro que no aguanta ni tres"; él empezó a ofrecerme vodka -que odio- y bebimos dos, yo intenté decirle que me largaba, pero sus dos metros de alto y su mano como un portaaviones me dejaron hecho polvo el hombro, así que le dije, "oye, ahora déjame elegir bebida a mi, ¿no te parece?" y el payaso dijo "OK, my 'LITTLE' friend", así que, pedí tequila (*****nota biográfica importante: desde mis primeros pasos nocturnos adolescentes, descubrí que aquella asquerosa bebida mexicana no tenía el efecto en mi que en otra gente, no sé, un milagro, llamadlo 'X', pero a mi el tequila es que no se me sube ni me produce otra cosa que náuseas), y él intentó hacerse el machito con los primeros tres chupitos, con ese rollo palurdo y discotequero de los ochenta del limón y la sal, y yo, en cambio, por las bravas, sin limón ni nada,a palo seco. Duró tres y medio; al cuarto, estaba ya como Ian Curtis cuando le daban las crisis de epilepsia en sus conciertos, se tumbó en el suelo, y le llevaron entre cuatro a un coche para facturarlo a su casa. No estoy orgulloso de aquello, pero sí satisfecho, porque aquel tipo había pegado sus ojos de sapo en el trasero de mi jai, y eso era tabú. O sea que... 1-0. 

Se casaron, se soportaron más o menos un año y, después de dos años, Lajcsi ha decidido dejar al Terror de Örs Vezér, porque se ha dado cuenta de varias cosas, entre ellas que un James Dean de la restauración automovilística no puede permitirse ciertas protuberancias en su cráneo, tampoco ser babysitter a jornada partida, mientras la mamá se va de fiestones, gangbangs y demás variaciones curiosas del concepto "diversión". 

Por eso, y gracias a este milagro llamado postpunk, que me mató de risa con 18 añitos y que me abrió los ojos, milagro que ha dado lugar a este blog de decepciones y alegrías, de prensa de recuerdos buenos y malos, ha llegado el momento de decirte, Orsetta -****nota de carácter semántico: como su nombre es "Örszi" (y se pronuncia "ORSI")  yo comencé a llamarla "Orsetta" ("osita" en italiano", aunque ella pareciera, más bien, un mastodonte) con total tranquilidad-, que eres historia, y que has dejado seco a Lajcsi, que has hecho daño, mucho, a la familia Nagy y que nunca olvidaré lo que le dijiste a mi cuñado en aquella ocasión: "yo te recogí de la calle"; siendo una mentira como un piano; tú llegaste, fría y cerebral, en el momento preciso, como acecha, espera y ataca el león, cuando mi cuñado estaba mal, muy mal, con Gabi, su hermano, y la convivencia en el piso se hacía imposible y tú le engatusaste. Pues bien, ahora la familia Nagy, es la que te manda a la mierda, a la puñetera calle... ¡A ver quién te recoge ahora!

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