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El último alemán

Me han acompañado durante años. En muy distintas situaciones, con sus besos de puñalada trapera, de pan para hoy y cáncer para mañana... Me han hecho más daño que todas gripes que he pasado a lo largo de mi vida juntas. Y, sin embargo, ¿qué queréis que os diga?... Fueron siempre leales y me ayudaron a deshacer muchos muchos muchos nudos que la vida, las situaciones, los compromisos arrastraban hasta el centro mismo del estómago. Me calmaron cuando alguien o algo me estresaba; me ayudaron a contar hasta 10 cuando algo no marchaba bien; me proporcionaron algún que otro momento de reflexión, un straight, no chaser  a medida y perfecto a media mañana que era como esa clara y nítida golosa de la trompeta de Dizzie en aquella "Noche en Túnez" o, empleando el otro polo de mis pasiones, aquella percusión imposible del bueno de Morris en toda esa amalgama de garitos postpunk de Manchester. 

Ayer fue el último beso. Se lo prometí a Ria: nada de infidelidades, y mucho menos con esos alemanes tan blanquitos y larguiduchos que se adherían a mis labios de fenómenos que permanecían en silencio humeante, en compás de espera de esclavos obedientes -y homicidas-, entre tiento y tiento. De hecho, mi abuelo también tuvo sus escarceos amorosos con otros alemanes, más rollo imperial y Kaiser y, finalmente, tuvo que enfrentarse a la decisión, a la encrucijada:  la abuela, el zarpazo de la moira o seguir libidinosamente humeante, obscenamente fiel a sus teutones... 

 Echaré de menos a mis Davidoff y, aunque me aflija decirlo... mis pulmones respirarán más tranquilos. 

Sé que la mitad de vosotros me daréis la palmadita en la espalda y me diréis: "¡Adelante, muchacho! Amores así es mejor no verlos ni en pintura"; y la otra mitad -y sé de antemano los nombres de las personas que conozco que acabarán en este segundo grupo- me dirá: "¡¿Desde ayer?! ¡A ver cuánto tiempo transcurrirá hasta que te enciendas otro pitillo!", a los que les dedico esta reflexión: siempre habría un último cigarrillo y siempre habría un día como hoy, es el primer paso; lo que no es de recibo es la mala baba, así que, seamos todos "esas buenas personas" que siempre presumimos ser y acompañémonos con buenas intenciones y entendamos todos juntos que este no es un asunto de apoyos sino de una persona intentando ocupar su tiempo y sus apetitos en otras cosas...

Auf Wiedersehen, Davidoff! 

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